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El Nenúfares

Casi ná. Ha pasado ya un año, ¿eh?

¿Que cómo veo yo ahora mi ya vetusto proyecto? Pues acabado y bien acabado. Sí, El Templo de los Nenúfares está ya cerrado. Comenté por Twitter que quizá lo corregiría, pero no estoy por la labor: el encanto de ese libro está en tal y como es, errores incluidos (que, además, imagino que no serán para tanto). Eso sí: no descarto volver a Yunnia. A nadie se le escapará que es un mundo que me encanta. No es que sea un mundo tremendamente desarrollado, pero sin duda es el mundo de mis sueños. No, eso no puede pasarse por alto.

No obstante, una cosa no quita a la otra: El Temple dels Nenúfars va con tranquilidad, y si algún día Celia consigue acabarlo (es un trabajo tedioso, y lo valoro mucho: ya me has demostrado lo suficiente, amiga) pues, oye, será una alegría. Además, por ejemplo, he llevado, por iniciativa de mi padre, una copia a la Biblioteca de Asturias, aquí en Oviedo, en El Fontán.


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Siempre lo digo: he disfrutado como un enano. Y oye, que ponerse la etiqueta de “escritor”, aunque sea inmerecida, sienta bien. Alguno ya me ha puesto el sobrenombre (bonito eufemismo de “mote”) de El Nenúfares, que quizá tuviera algún ánimo despectivo, pero que en realidad me ha hecho mucha gracia. Mmm. Mucha gente me identifica ya con “el que ha escrito un libro”, y se ha enterado de ello alguna persona que no me imaginaría.

Desconozco la cifra, pero puedo afirmar sin riesgo a equivocarme que mi novela ha llegado a cientos de manos (aunque a más ordenadores que manos propiamente dichas). Gente de muchos lados del mundo, o gente de mi entorno más cercano. Gente joven, y otra que no tanto. Quizá no lo valga, pero me siento muy halagado. Muy afortunado.

Puede que no sea la novela perfecta. Que sea solo una sarta de palabras mal colocadas, de ideas inconexas, de conceptos imperfectos, fruto de un chico que no sabe aún cómo escribir una novela. Pero han sido mis palabras, mis ideas, mis personajes, mis detalles, mi mundo, mi historia, mi novela. Ha sido, y aun es, mi ilusión.

Y todo eso -las sorpresas, los proyectos completados, las ganas, la gente-, todo eso es inolvidable.